
Lisa Wang «La ventaja competitiva de China ya no es el bajo coste, sino el ecosistema que ha sabido crear»
En la IV edición de #AyvensTalks, profundizamos en el impacto que el vehículo eléctrico chino está teniendo en el mercado europeo de la mano de Lisa Wang
En la IV edición de #AyvensTalks, profundizamos en el impacto que el vehículo eléctrico chino está teniendo en el mercado europeo de la mano de Lisa Wang, experta en asesoramiento en proyectos de internacionalización e inversión entre China, Unión Europea e Iberoamérica. Con una visión holística que combina historia, filosofía, datos macroeconómicos y la evolución del sector tecnológico, Wang nos ayuda a entender por qué China ha pasado de ser “la fábrica del mundo” a convertirse en un líder global en innovación, movilidad eléctrica e industrias estratégicas. En esta conversación, desvela las claves culturales, estructurales y tecnológicas que explican su imparable ascenso
China es hoy, indiscutiblemente, una de las potencias económicas más importantes del mundo. Esto se debe a multitud de factores. Entre ellos, ¿qué relación tiene este hecho con la cultura china?
Para entender el momento que vive China y el papel que desarrolla a nivel mundial, es importante conocer el contexto del país desde una perspectiva amplia, con un enfoque holístico. China viene de 5.000 años de civilización continua y más de 4.000 años de historia escrita. Tiene 1.400 millones de habitantes, ⅔ de ellos en ciudades y un tercio en zonas rurales. El factor demográfico es clave: China tiene más de 100 ciudades con más de 1 millón de habitantes.
Pero la cultura también juega un papel esencial. Mientras que el poder blando de los países occidentales se basa a menudo en conceptos ideológicos, el de China se apoya en el desarrollo económico y una postura pragmática de coexistencia pacífica. Esta aproximación tiene sus raíces en la filosofía confuciana de tolerancia y cooperación, que ha impulsado el desarrollo económico al crear un entorno estable y predecible.
Dicho crecimiento económico se ha visto impulsado por relaciones estratégicas con diversos países. Entre ellos, España. ¿Qué puedes decirnos sobre esto?
La relación de China con España vive un momento muy bonito, sobrepasando ya los 50 años de relación diplomática. Este año, además, se ha firmado un acuerdo bilateral para impulsar una relación estratégica integral durante los próximos 3 años. En ese acuerdo, se estipula una colaboración más estrecha en áreas como energías renovables, vehículos eléctricos, innovación tecnológica e inteligencia artificial…
¿Cómo se sitúa China, en cifras, en el contexto económico mundial?
Si hablamos de PIB absoluto, China ocupa el 2º lugar, con un ritmo de crecimiento del 4,8% para este año, por encima de las economías occidentales. En PIB ajustado a paridad de poder adquisitivo, China ocupa el primer puesto. Este salto al crecimiento cualitativo ha sido posible gracias al cambio estructural que ha vivido el país en los últimos años. Antes, nuestro modelo se basaba en la exportación de manufacturas de bajo coste, exportaciones e inversión en activos fijos; en la última década, el nuevo modelo se basa en el consumo doméstico, el desarrollo del sector servicios y en el impulso de la innovación.
Ese cambio de modelo ha producido cambios también en la estructura de costes. Para sostener un modelo basado en el consumo doméstico, ha sido necesario aumentar los sueldos, entre otros factores de producción. Es decir: desde hace años, ya no es “barato” producir en China. ¿A qué se debe entonces nuestra competitividad?
Se debe a varios elementos, pero es vital comprender algo clave: el gobierno central planifica a largo plazo la economía. Es decir: trabajan en base a una hoja de ruta estratégica y flexible que centra todos los recursos del Estado, el sector privado y la sociedad civil para aunar propósitos, animar el desarrollo y ofrecer estabilidad.
¿Cuál es la apuesta del gobierno chino para los próximos años?
Para los próximos 5 años, China va a invertir fuertemente en aquellas industrias estratégicas para reforzar su independencia tecnológica: semiconductores, IA, computación cuántica, biotecnología…
En cuanto a la energía limpia, el compromiso con las energías renovables se materializa en un apoyo integral al vehículo eléctrico. No se trata solo de promover el coche, sino de construir todo el ecosistema, con una red de carga robusta como pilar fundamental. El gobierno fomenta activamente esta infraestructura para asegurar la transición hacia un modelo de movilidad dominado por las energías limpias.
Hace 20 años, el gobierno inició un programa de inversión para la innovación independiente. En 2005, el gasto en I+D fue de un 1,4% sobre PIB; en 2023, de un 2,6%, una cifra equiparable a otras economías avanzadas. La dependencia de tecnología extranjera ha pasado del 50% a entre el 20%-30% en esos 20 años.
China está creando empresas domésticas sólidas para que compitan a nivel internacional en esos sectores estratégicos.
Y esas empresas nacionales, ¿a qué mercado se enfrentan?
La escala del mercado chino es un factor clave para comprender el desarrollo de nuestra economía. Con una clase media de unos 400 millones de personas, las empresas pueden probar nuevos productos y amortizar inversiones en I+D con una rapidez inalcanzable en otros mercados. Esta capacidad de validación y retorno acelerado es lo que permite a las empresas realizar apuestas tan contundentes en desarrollo.
Los consumidores chinos son sofisticados y exigentes. Fuerzan a las empresas a innovar constantemente para estar a la altura de la demanda. Y esto entra en contacto con otra palanca del crecimiento chino: el talento. En China se gradúan 3,5 millones de ingenieros, técnicos y matemáticos cada año. Más que Estados Unidos y Europa juntos. China exporta talento. Es líder mundial en solicitudes de patentes: más de la mitad de las solicitudes a nivel mundial son chinas. Made in China pasa a ser ahora Innovated in China.
El talento ya no es de bajo coste: es el motor de la innovación por la que apuesta China.
Y esto, ¿cómo se aplica al sector de los vehículos eléctricos?
Existe un fuerte empuje al sector de los vehículos eléctricos. Los principales clusters se agrupan por regiones. Se concentran las empresas con servicios más completos y nivel más avanzado: en el este, el sur y el centro del país.
Estos clusters, tan cercanos geográficamente, hacen que en un radio de 100km los principales proveedores queden recogidos y localizados, permitiendo coordinar pruebas de forma eficiente. De concepto a prototipo, tardamos días; en cuanto a sistemas completos, sólo meses.
El crecimiento de la venta de vehículos eléctricos (incluyendo híbridos) subió de 1,3 millón en 2020 a 13 millones en 2024 dentro de China. En los 8 primeros meses de 2025, las ventas han llegado a 9,6 millones, un 37% más que en 2024.
En 2024 los vehículos eléctricos chinos significaron el 44% de los vehículos de pasajeros en el país, aproximándose al 50% que marca el gobierno para finales de 2025. Y si hablamos de venta al exterior, en estos 8 primeros meses de 2025, su exportación ha crecido un 87% con 1,5 millones de unidades.
La competencia dentro de China es feroz. Obliga a las empresas a mejorar todos los aspectos del producto. De aquí a 2030 se prevé que, de las 100 empresas que actualmente entran en el proceso de producción de vehículos eléctricos, muchas desaparezcan y así se consolide la concentración del sector. Un sector que sigue creciendo.
¿Qué respuesta pueden dar el resto de los países al músculo industrial chino?
La pregunta que podemos hacernos es: ¿hay alternativas en el mundo a China?
China ya no es barato y, sin embargo, sigue siendo el mayor centro de suministros del mundo. Lleva más de 4 décadas de desarrollo continuo, con el Estado invirtiendo en infraestructuras, energía, urbanismo, parques industriales, cadenas de suministro... Además, tiene una fuerza rural de trabajo muy potente. Y a eso hay que añadir la fuerte voluntad de movilizar recursos -tanto como sea necesario- del Estado. Es difícil que en el mundo surja, en poco tiempo, una alternativa fuerte que pueda sustituir a esta potencia.
La idea clave para entender el increíble crecimiento del país es que China ya no es sólo un país de solo bajo coste: su ventaja competitiva se basa en crear un ecosistema integral que combina cadenas de suministro ágiles, talento masivo y una política de visión a largo plazo, ofreciendo a socios globales no solo productos, sino soluciones completas y sostenibles para la transición energética.



